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lunes, 21 de noviembre de 2011

Cronica de viaje: Guido Andreozzi


Game, set, match Guido Andreozzi, dijo el juez de silla en la final del Future de Curitiba, Brasil. El porteño se llevaba su segundo torneo del año en una de sus mejores actuaciones de su carrera. Pero no sabía que ese día iba a terminar siendo uno de los más largos de su vida. El partido terminó a las cuatro de la tarde y su vuelo a Buenos Aires salía 6.30. Había llevado los bolsos al club y cuando terminó el partido, se pegó una ducha rápida y se fue al aeropuerto. 
Llegó perfecto, tomó el vuelo de Curitiba a San Pablo y cuando esperaba para salir a Buenos Aires, una voz en español decía:

-Lan Chile anuncia que el vuelo 4545 con destino a Buenos Aires, programado a las 18:45, ha sido cancelado debido a las condiciones climáticas en el aeropuerto de Ezeiza y aeroparque- anunció con voz grave y entrecortada una empleada de la empresa.

En ese preciso instante, como si las sillas tuvieran resortes, una decena de pasajeros se abalanzaron contra los mostradores de la puerta 14 del aeropuerto internacional de San Pablo. La pequeña sala de espera estaba llena, el aire caliente, se veían barbas desparejas y aromas de varios días de mucha espera y poco cambio de ropa. Algunos, más nerviosos que otros, se resignaron a mantener sus lugares. Una pareja de uruguayos que jugaba en el piso con su hija pequeña, solo preguntó porque no los mandaban a Montevideo ya que en Buenos Aires no se podía aterrizar, pero las cenizas del volcán Puyehue también habían cruzado el Río de la Plata.

Este volcán, que esta ubicado sobre la Cordillera de los Andes a 2240 m.s.n.m, en la región chilena de Los Lagos, entró en erupción el 3 de junio y está en actividad desde 1960, luego del terremoto en la localidad de Valdivia.
Había quienes llevaban más de cuatro días esperando y fueron los que se ensañaron contra los pobres empleados que estaban detrás de los mostradores. “Me importa un carajo que se haya cancelado el vuelo, yo mañana tengo que estar trabajando en Buenos Aires, llevo cuatro días acá y dijeron que hoy salían”, gritaba un hombre gordo y bajito mientras se cruzaba del otro lado del mostrador para intentar agarrar del cuello a un funcionario.
Para sorpresa de todos, cuando Guido se disponía a retirar los equipajes para ir al hotel que contrató la empresa y más de uno, reencontrarse con la ducha que tenía esquiva hace algunos días, anuncian en la misma puerta que el vuelo había sido reprogramado. El nuevo horario era dos horas más tarde pero con destino a la ciudad de Córdoba, el único aeropuerto abierto cercano a Buenos Aires. Guido parecía estar en su mundo, con su música, la copa en el raquetero y sabiendo que la vuelta, estaba cada vez más cerca. Otra vez se escuchan murmullos y las preguntas en el ya famoso mostrador 14, donde los empleados con su mejor cara, nos informaron de que una vez que lleguen a Córdoba, la empresa tenía preparados micros para trasladarnos hacia Buenos Aires.


Tres horas después, las mismas caras que en San Pablo estaban transformadas por la ira, ahora estaban en suelo argentino un poco más calmas y en tierra cordobesa. Pero todavía faltaba aún. Debido a que los aviones que venían de Europa ya estaban en vuelo,  los desviaron todos a Córdoba, así que hubo que esperar cerca de dos horas arriba del avión hasta poder hacer migraciones.

Ya le quedaba poco para estar en casa. Cerca de las 5.30 AM partieron los micros. Última fila en la parte de arriba para el porteño. Ventana, y atrás, el baño todavía sin olor. Tres filas adelante, el mismo gordo bajito que maldecía en Brasil, roncaba y todavía no había salido el micro. Había equipaje hasta en los pasillos y un olor a tierra que denotaba que los micros no se usaban hace mucho, pero lo importante fue que llegaron a destino. Por suerte no surgió ningún imprevisto y cerca de las tres de la tarde, con el tránsito habitual de Buenos Aires, Guido Andreozzi terminó su odisea. En 24 horas, tres le llevaron ganar un torneo, y las otras 21 hacer el viaje más largo de su vida.

martes, 11 de octubre de 2011

Martes para la juventud

Martes martes martesssss. Y hoy sí podemos decir que es el comienzo de la semana! Ya pasó el feriado, hay que arrancar a laburar aunque después de tres días de vacaciones para algunos no es nada fácil, pero no hay mejor forma que conociendo al terremoto de San Fernando. Se llama Tomás Buchhass, tiene 19 años y es hincha fanático de Tigre. En juniors siempre estuvo entre los primeros de Sudamérica pero en profesionales está luchando para meterse de a poco en el circuito mayor. Los invito a conocerlo y compartir un rato el fanatismo de este personaje.

¿Qué diferencias notás entre jugar en juniors cuando jugabas en sub 14 y 16 a jugar ahora en profesionales?
La diferencia más grande que noté entre los torneos juniors y profesionales está en la organización. En los Futures muchas veces cuando hay que entrenar te toca hacerlo de a cuatro porque no hay canchas y se hace muy difícil para hacerlo bien, o te tenés que organizar para ir a entrenar a las 7 de la mañana para estar solo. En los juniors estaba mejor porque en los clubes había siempre más canchas, mientras seguías en carrera en el torneo te daban hospedaje y también en cuanto al trato con los jugadores era mucho mejor porque sos más chico y te tienen que cuidar más.


Viendo cuando eras juvenil y estabas entre los primeros del ranking en tu segundo año de categoría peleando de igual a igual con los mejores. Ahora estás en profesionales y jugas contra jugadores más grandes, ¿Qué sentís que tienen o cuales son las diferencias más grandes que ves en este nivel?
Tomás Buchhass
La diferencia que noté en los torneos profesionales cuando arranqué fue la velocidad de pelota que al ser muchos jugadores que tenían mucha potencia y marcaban la diferencia conmigo. Yo con tiros que hacía daño cuando era junior, acá en profesionales no molestaban. También en momentos importantes, al tener más experiencia, te marcan un poco de diferencia, pero es algo que uno tiene que aprender y madurar en el menor tiempo posible para avanzar y poder ir subiendo de nivel.


¿Cuáles son las metas que se pone uno siendo junior donde solo importa ganar y divertirse y cuales son las que te ponés ahora en profesionales?
En juniors las metas de ganar becas para jugar la gira Cosat o para ir a Europa becado, pero cuando uno es más chico no le da tanta importancia al resultado, es más inconciente de cómo le va. Está presente el disfrutar y divertirse. A medida que vas creciendo si te va importando y uno se va poniendo metas. Mis principales objetivos son afianzarme bien en los Futures y poder salir lo más rápido de este nivel para poder empezar a jugar las clasificaciones y más adelante los cuadros principales de los Challengers.


¿Cómo es tu relación con tus viejos, el tenis y la economía de tu profesión?
Mi relación con mis viejos es la mejor. Personalmente a veces me presiono un poco a tener resultados por el esfuerzo que hacen ellos para que yo juegue al tenis y uno no se da cuenta y quiere retribuirle en cierta forma lo que ellos hacen y muchas veces juega en contra. Y en cuanto a entrenamientos y viajes ellos me apoyan y me ayudan en todo lo que necesito para los torneos. Disfrutan mucho de verme entrenar o competir, les pone muy contento ver que yo lo hago con tanta alegría y que me gusta tanto.



Tomás en un viaje a ver a Tigre

Bueno, en la última vamos a dejar un poco el tenis a un costado para hablar de cómo es tu vida cuando estás en Buenos Aires, o en Sanfer, ¿Qué hacés en tus ratos libres si no estás entrenando o viajando?

Aprovecho para estar con la familia, disfrutar de ellos que no los veo mucho y después siempre trato de juntarme con mis amigos, ir a verlos jugar al hockey en el club San Fernando, hacer un buen asado y después si queda tiempo ir a bailar con toda la banda. Y siempre que juegue Tigre ahí estoy, soy muy fanático y cuando puedo lo sigo donde juegue.



miércoles, 5 de octubre de 2011

Deporte, familia y amigos, la combinación ideal



A los cuatro años ya lo veían correr por el club Daom con su raquetita entre las piernas, que era casi más grande que el, y donde encontraba una pelotita, no paraba de pegarle en todo el día. Cuando llegaba la noche, sus papas lo buscaban por todo el club para llevárselo, pero ahí estaba él, con su gorrita jugando en el frontón.

Hoy Juan Pablo Ortiz tiene 20 años, mide 1.85 y está haciendo sus primeros pasos a nivel profesional, donde hace pocos días ganó su primer torneo Future, en Venezuela. Estos puntos seguramente le servirán para instalarse por primera vez entre los 600 mejores del mundo. Este zurdo,  que nació y vive en Flores, es hincha fanático de Vélez.

Fernando Bolaños fue la persona que le enseño a empuñar sus primeros golpes en el Bajo Flores, después tuvo otros entrenadores y hoy, es el mismo Bolaños quien volvió a dirigirlo dentro de la cancha y a acompañarlo en sus viajes por el mundo.

Fenando Bolaños y Juan Pablo Ortiz


Hay tres cosas en su vida que pueden más que cualquier otra: su familia, los amigos y su tan querido Vélez Sarfield. Tiene una relación muy especial con sus padres, debido a que cuando viajaba a los torneos nacionales, el que lo acompañaba era su papá. Pero cuando volvía y los trabajos del colegio lo tenían a maltraer, siempre salía en busca de su mamá para que lo ayude a salir del apuro.

Después están los amigos, que son una parte muy importante en su entorno porque sabe bien que el no puede vivir lo mismo que viven ellos cada día debido a que tiene que entrenar, viajar y cumplir una serie de rutinas, pero cuando tiene un tiempito entre torneos, aprovecha gran parte de la semana para encontrarse y ponerse al día. Y hasta tiene la suerte de que algunos son hinchas fanáticos de Vélez y cada vez que pueden van a la cancha. Su ídolo es el “Turu” Flores y el mejor plantel que el recuerda es el del 98, aunque de lo que más habla es del equipo de Carlos Bianchi de 1994.

Como la mayoría de los chicos de su edad, juega mucho a la play cuando está en sus giras, aunque su entrenador le dice que agarre algún libro para leer de vez en cuando, y si tiene algún rato libre, dice que le gusta conocer un poco las ciudades que visita. El dice que lo mejor que le dio el tenis es haberlo jugado desde muy chico y tener muchos amigos y hoy lo vive como un trabajo que se disfruta muchísimo. Su máxima aspiración como jugador profesional es ganar Roland Garros y llegar lo más lejos posible disfrutando al máximo este “juego”. El mismo que jugaba cuando era chico en el club con sus amigos.






Galeria de fotos de Juan Pablo Ortiz

jueves, 18 de agosto de 2011

El comienzo de una carrera

A medida que pasan los años, las generaciones de jugadores van cambiando, como también avanza el tenis en velocidad y fuerza física. Lo que no varía mucho a medida que pasa el tiempo es la edad en que los jugadores sacan sus primeros puntos de ATP en el circuito profesional.

Podemos hablar de grandes campeones que tardaron más o menos que otros, como fue el caso de Rafael Nadal, quien desde temprana edad comenzó a probar suerte en el circuito profesional en vez de jugar torneos juveniles. En 2001, con sólo 15 años jugó diez clasificaciones de Futures y Challengers en el circuito grande, donde logró sus primeros puntos y terminó el año en el puesto 818. Ya en 2002 finalizó en el puesto 235 del escalafón mundial.

Entre los argentinos, a diferencia de Nadal,  David Nalbandián y Guillermo Coria le dieron mayor importancia a su carrera juvenil, donde mezclaron torneos ITF con clasificaciones de torneos profesionales. Ambos lograron sus primeros puntos a los 16 años, mientras que   Juan Martín Del Potro  lo hizo a los 15.

Por estos días, los proyectos más ambiciosos en nuestro país son Facundo Argüello, Agustín Velotti, Diego Schwartzman y Guido Andreozzi, pero de los que vamos a hablar en esta nota son de los juveniles que lograron su primer punto de una forma especial, ya sea en sus primeras participaciones o después de interntarlo en reiteradas ocasiones.

El primer caso es el de Leandro Portmann, oriundo de Esperanza, provincia de Santa Fe. Con 17 años jugó su primer torneo Future, donde atravesó la clasificación sin perder un set y venció en primera ronda del cuadro principal a Franco Agamenone por 6-3 y 6-2.  "Para mi fue toda una aventura, fui a Villa del Dique a firmar porque estaba afuera de la qually. Firmé y entre, lo que ya fue una sorpresa para mí. En última ronda le gané a Matías Salinas que era un duro rival", reconoce Leandro recordando aquel grato momento. " Con Agamenone saqué 6/3 5/0 y perdí mi saque en cero, y el de él también, ocho puntos seguidos y por mi cabeza se me pasaron muchos pensamientos mezclados con los nervios pero por suerte lo pude cerrar en el game siguiente".
Joaquín Amaya también logró su primer victoria en el mismo torneo, donde al igual que Portmann, llegó al cuadro principal sin mayores sobresaltos para vencer en primera ronda al correntino José María Paniagua por 6/3 7/6.


El último caso es el de Mateo Martínez, que junto a Juan Pablo Paz y Juan Ignacio Galarza son las máximas promesas de la camada 94/95, logró su primer punto luego de tener que lucharla bastante en situaciones difíciles. En la primera ocasión obtuvo un “Wild Card” para el cuadro principal en el Future de San Juan en 2010 y no le fue bien, en otras que atravesó la clasificación y le tocó jugadores de la talla de Nicolás Pastor, Diego Schwartzman, el brasilero Guillerme Clezar y Juan Pablo Amado, que hoy en día aún están un escalón arriba debido a que tienen más experiencia que el oriundo de Monte Grande. Cuando no dejó pasar la chance fue en el torneo realizado en Chaco donde pasó la clasificación sin perder un set y en primera ronda se enfrento con Santiago Celia, un argentino de 20 años, a quien venció con un contundente 6/2 y 6/0.



                                                                            Mateo Martínez              


Lo que hoy en día está pasando en Argentina en cuanto a la cantidad de torneos Futures que hay durante el año, alienta a que los chicos saquen sus primeros puntos a temprana edad, lo que debería venir acompañado de una buena formación tanto física como tenística, para que los jugadores de 15, 16 o 17 años tengan la preparación suficiente para enfrentar a jugadores de mayor edad y tener los argumentos necesarios para competir de igual a igual.